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Por: Tony Romero
Estas letras que hoy escribo,
con mi pluma en mi libreta,
son para Hilario Olea,
un hombre con gran destreza.
Él es un periodista
que se forjó en la vieja escuela,
y aunque sigue estando joven,
cuenta con mucha experiencia.
Siempre anda enfocado,
tiene muy claras sus metas;
su trabajo es garantía
y vale oro lo que pesa.
Nunca anda vacilando
cuando tiene una encomienda,
porque sabe que el trabajo
pone el pan sobre su mesa.
Con talento y disciplina
ha encontrado la grandeza,
y si ocupas de su ayuda,
él te guía y te aconseja.
La humildad que se ha forjado
es valiosa y se le aprecia,
porque nunca pierde el piso,
y esa es su fortaleza.
Él conoce las mentiras
y las cosas verdaderas,
y aunque cruce por pantanos,
nunca se mancha su esencia.
Tiene un ancla poderosa
que lo cuida y lo sujeta
cuando existen tempestades,
cuando llegan las tormentas.
Su familia es el motor,
el que renueva sus fuerzas;
su tesoro más valioso,
el que nunca estará en venta.
Por eso escribo estos versos,
con respeto y admiración,
porque los hombres íntegros
se ganan el corazón.