Mi Primer Amor
Por: Tony Romero
En quinto de primaria,
algo raro me pasó:
cuando una nueva alumna
entró al nuevo salón.
Cuando le miré su rostro,
mi corazón se aceleró.
Sentía hormigas en mi panza
y mi piel se me enchinó.
No sabía qué me pasaba,
era una extraña sensación.
Ignoraba por completo
que Cupido me flechó.
Yo pensaba en superhéroes
y también jugar béisbol,
y en lo que nunca pensaba,
de repente apareció.
Cada vez que la veía,
sudaba más que un soplón.
Los nervios me consumían;
creo que me hipnotizó.
Yo quería hablar con ella,
pero me faltó el valor.
No sabía que mis hormigas
eran parte del amor.
Aunque apenas era un niño,
sentía una fuerte atracción.
Daba gritos y piruetas
para tener su atención.
Cuando estaba solo en casa,
hacía planas con su nombre,
poniendo «Daniela Contreras»
encerrado en corazones.
No sabía qué era un novio,
eso yo lo desconocía,
pero agarrar su mano
fue mi primera fantasía.
Cuando terminó el quinto año,
yo sentí que me moría.
No quería vacaciones
porque ya no la vería.
Cuando estuve en quinto año,
no sabía qué era el amor,
pero hoy que ya he crecido,
sé que fue el primer amor.
Cuando vi su hermoso rostro,
algo en mí dentro cambió.
Era el rostro de un ángel
que del cielo descendió.
Nunca le tomé su mano,
ni ella la mía tomó.
Nunca le pedí un beso
y ella nunca me lo dio.
Pienso que fue lo correcto,
pienso que fue lo mejor.
Por eso yo la recuerdo
como un puro y blanco amor.
A esa carita de ángel
que en mi vida apareció,
en el quinto de primaria
le escribí esta confesión.
Es la Daniela Contreras,
la dama que me flechó.
Y aunque nunca se lo dije,
fue mi primer gran amor.